No sigas culpando al resto del mundo

Piensa qué ocurre, por lo general, cuando se da un situación negativa, algo que sale mal, en algún ambiente.

En la escuela, los niños culpan a los profesores. Y los profesores, a los niños.

En la familia, los adolescentes culpan a los padres. Los padres, a los adolescentes. El padre a la madre, y la madre al padre. La madre a la suegra, y la otra suegra al padre.

En la empresa, los trabajadores culpan a los jefes. Y los jefes, a los trabajadores.

En el club deportivo, el presidente culpa al entrenador. El entrenador, a los jugadores. Los jugadores, al árbitro. El árbitro a la afición. Y la afición, al presidente.

Podemos buscar ejemplos en la situación que se te ocurra…

Quejarse y responsabilizar a los demás es lo fácil.

Yo lo hago, tú lo haces, todos los hacemos.

Pero, ¿nos mejora algo esa actitud?

Cuando ciertas cosas ocurren, sean buenas o malas, por lo general, nunca son responsabilidad de una sola persona.

Ahora bien, puedes dedicar tu esfuerzo y energía a buscar qué es lo que los demás no han hecho bien y recriminárselo, o…

…puedes emplear esa misma energía en analizar qué podrías haber hecho tú para que las cosas hubieran salido de manera distinta.

Porque seguro que hay algo que podrías haber hecho de otra manera. Tú, no los demás.

Y cuando actúas de esa manera, cuando analizas y reconoces qué podrías haber hecho mejor, cuando te responsabilizas de tu parte, lo que ocurre es que te conviertes en una mejor versión de ti mismo.

Vicho quiere representar e inspirar a las personas que se responsabilizan de sus actos y quieren mejorar continuamente.

ÚNETE.

Hasta ahora estábamos hablando de situaciones negativas o cosas que salen mal.

Ahora, quiero que hablemos de nuestro día a día.

¿Cuántas veces escuchamos a nuestro alrededor a gente que no le gusta la situación que tiene en la vida?

Gente que se queja de que no le gusta su trabajo o de todo lo que tiene que estudiar, de que no tiene tiempo para nada, de que le pagan poco o que hay pocas ayudas, de que los jóvenes no tienen interés en nada, de que solo están en las pantallas, de que no se esfuerzan, de que no respetan, de que el nivel educativo es cada vez peor, de lo que se ha decidido en la junta de la comunidad, de lo mal que funciona el transporte público o de la millonada que le pagan al famosete de turno por el programa que ha hecho en la tele.

Pero, ¿qué hacen para cambiarlo?

¿Cuántas veces somos nosotros esa gente?